Demonios
Todo el mundo tiene sus demonios se supone que para librarse de ellos lo más simple es hacerse un exhorcismo, durante ese ritual, al menos en el típico que he visto en las películas, la persona logra librarse del demonio cuando conoce su nombre o lo verbaliza. En mi caso mi demonio tiene muchos nombres, tantos como emociones existen y verbalizarlos me tomaría más días que reponerme de la angustia que me da pensar cómo voy a enfrentar lo más difícil de manejarlos.
Lo más difícil de vivir con "la enfermedad" es vivir sin ella, así no más, es vivir con el estigma de tenerla. Puede que yo no haya presentado una crisis en años, no importa cuanto pelee por controlar mis emociones y caracter todos los días, ni cuanto tiempo me haya demorado en estabilizarme, para la gente que me rodea, para mis cercanos y curiosamente para esos que irónicamente son los más interesados en apoyarme y en que yo este bien, siempre seré la neurótica, mal genio y loca que tiene malas reacciones. Como si la gente normal no gritara de vez en cuando porque se enoja o no llorara cuando se ve superada por algo, en mí cualquier arranque o situación en la que las emociones me superen están prohibidas. A veces creo que sería más simple irme lejos, donde nadie me conociera y empezar en cero, con la página en blanco, donde nadie tuviera un pre juicio y donde llorar fuera solo eso y gritar lo mismo, y un día de mal genio no implicará un juicio de vida. Espero el día en que escuchar la palabra neurótica o mal genio no signifiquen nada para mi. Creo que nunca dejaré de ser exigente en el trabajo y francamente no me interesa dejar de serlo, pero tampoco dejaré de ser una desordenada en mi pieza, las dos cosas me hacen ser buena en lo que soy.
Me ha costado la vida tratar de ser una mejor persona y me siento orgullosa de vivir con esto medianamente controlado, sería genial un poquito de reconocimiento.
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